¿Cómo están los máquinas?
Una de las pocas ventajas de hacerse viejo es que haya habido tiempo y ocasión, si no para resolver grandes incógnitas de la existencia, o sí, al menos encontrar a gente que se ha planteado alguna vez lo mismo que uno, con el alivio que supone sobre todo cuando uno se plantea cuestiones desde un punto de vista que casi nadie comparte.
Me irrita la arrogancia de los humanos en muchas cuestiones, y en particular en la de creerse seres especiales en muchos sentidos, hasta situarse fuera del ámbito natural o incluso físico. Este es el caso de la capacidad de pensar, sin entrar en muchos detalles de lo que eso signifique, que los humanos se atribuyen en exclusiva. Nunca lo he creído. Como puro producto de la mente, y esta producto de un sistema nervioso complejo, me parece que hay muchas otras especiales que, en su medida, han de pensar también, como quiera que lo definamos. Como decía alguien, el espejismo de la singularidad humana pueda deberse a la falta de especies intermedias entre nosotros y el resto de los animales, quizás porque los propios humanos se hayan encargado de extinguirlas. Ó incluso a que se haya dado la curiosa circunstancia de la ausencia en la fauna Europea de otras especies de primates distintas de nosotros.
Siendo tan viejo como para haber nacido cerca del nacimiento de la informática, he sido testigo de la repetida afirmación de que los ordenadores nunca llegarían a pensar, ni a tener conciencia, ni nada de lo que los humanos se creen poseedores en exclusiva. Nunca lo he creído, y nunca he visto diferencia esencial en estas materias entre lo que pueda llegar a hacer una máquina y lo que pueda hacer un humano, si la máquina consigue llegar al nivel de complejidad de nuestro cerebro. No veo la importancia que uno esté hecho de carne, pequeña tragedia para un vegetariano, y otro de semiconductor, al menos de momento.
Y mi argumento es contundente. ¿Qué somos sino máquinas? Máquinas biológicas. Somos la prueba viviente de que las máquinas pueden pensar.
Asómese a la biología evolutiva, asómese a la bilogía molecular, a la genética, asómese a como es usted por dentro. Usted es una máquina fantásticamente compleja, hasta donde no tenemos ni idea, pero una máquina, un mecanismo, un proceso. Decía alguien que la gallina es el modo que tiene un huevo de convertirse en un huevo mejor, y por mejor ha de entenderse más capaz de sobrevivir y dar lugar a más huevos. Somos máquinas creadas por los genes vía selección natural, hechas con ese propósito, ser vehículos para los genes entre una y otra de sus generaciones.
Surgimos del mundo con un sistema operativo y programas de serie, el genotipo, que luego se van completando y actualizando con la participación del ambiente, su historia particular, que vía epigenoma desemboca en su fenotipo, es decir en lo que es usted ahora. Maravillosa la idea de fenotipo extendido de Richard Dawkins mostrando como la expresión de los genes va más allá del cuerpo de uno.
Y así va usted funcionando por la vida, para cumplir los objetivos en su disco duro, o en su nube, sean los de serie, o los que se hayan grabado después, que los podría haber re escrito usted mismo, no sería la única máquina que puede actualizarse en función del ambiente. ¿Puede ser usted algo más que el producto de su bioquímica?¿En términos de qué? Los que condenan el reduccionismo deberían aportar algo más que el fantasma en la máquina o conejos emergentes de chisteras.
Pues he llegado a ser lo suficientemente viejo para encontrarme con este fragmento del libro Man in the Universe, del astrónomo Fred Hoyle, publicado 1964, que ya es anticiparse a la situación en que vivimos hoy con la inteligencia artificial, pura ciencia ficción en aquel entonces, fragmento encontrado en el magnífico El fenotipo extendido, de Richard Dawkins ya mencionado:
La pregunta que se hace a veces, ¿pueden los ordenadores pensar?, es algo irónica. Aquí me refiero por supuesto a los ordenadores que hacemos nosotros mismos a partir de materiales inorgánicos. ¿Qué diablos se creen que son, esos que hacen una pregunta como esa? Simplemente ordenadores, pero unos enormemente más complicados que cualquiera que ya hayamos aprendido a fabricar. Recordemos que nuestra industria informática, hecha por el hombre, tiene solo dos o tres décadas, mientras que nosotros mismos somos los productos de una evolución que ha operado durante cientos de millones de años.
Pues eso. Me encanta ese “qué se creen que son”.
Pienso en un sistema tan fantásticamente complejo como el que somos, y me pregunto si hubiera podido llegar a ser como es si su comportamiento o forma de proceder, es decir su funcionar, no viniera profundamente determinado por su propia constitución, por todo ese impulso de miles de millones años que nos ha traído hasta esta situación. Si eres martillo del cielo te caen los clavos ¿qué otra cosa vas a hacer? No dejamos de ser descendientes de los que tuvieron éxito en sobrevivir para reproducirse, es decir, de los que han ganado en el juego de la selección natural. Copiando a Pablo Rodríguez Palenzuela en ¿Cómo entender a los humanos? Las bases biológicas del lenguaje, la cultura, la moral y el estatus (véase también The mating mind. How sexual choice shaped the evolution of human nature de Geoffrey Miller) :
Es muy posible que nuestra inteligencia se deba a las existencias de la vida en un medio social en el que los individuos más listos se llevan la mejor porción.
Nadie será descendiente mío. Tiene sentido.



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