Desmoralizado
Cuanto más habito mi vocación mística más sorprendentes paradojas atravieso. Veo que el mundo humano común es en gran medida abstracto e irreal. Está hecho de ideas, pensamientos, valores, palabras, muchas palabras, mucho razonamientos, mucha lógica racional plagada de las contradicciones que la razón lleva en su seno de nacimiento, con permiso de Gödel y de las afirmaciones del tipo “esta sentencia es falsa”. Tomando el concepto acuñado por Dawkins, las ideas que pueblan esos mundos ideales en su gran mayoría, si no todas, no son propias del que las aloja, son de muy segunda mano. Flotan en el ambiente, poseen a los que infectan, se reproducen y multiplican pasando de unos individuos a otros en una incontenible propagación de la infección. Los llama memes, y son una vertiente cultural de los genes.
Nada que objetar a que cada uno viva en su mundo. Sigo a mi gurú para decir que ni hago nada ni quiero que los demás hagan nada. Lo trágico ocurre cuando esos mundos imaginados y de fantasía condensan en moral con vocación de imponerse sobre los demás, de dirigir, tasar, juzgar y sancionar sus pensamientos y acciones. No pienso sólo en la gran escala de miles o millones de individuos, sino especialmente en grupos pequeños como pueden ser familias, vecinos, amigos o compañeros de trabajo, incluso o sobre todo la pareja.
Aparece primero el bien y el mal, que no deja de tener cierto sentido práctico, y después los buenos y los malos, por ejemplo el mal amigo, el mal compañero, el mal vecino, donde ya se siente amanecer la tragedia. Naturalmente todo esto depende del grupo en cuestión, porque la moral sirve al grupo y cada grupo tiene sus necesidades. Los criminales también tienen sus códigos morales. El ladrón, el aprovechado, el explotador siempre argumentarán que tiene derecho a robar y a lo robado de acuerdo con un cierto código moral, propio o compartido. Incluso dirán, quizás con razón, que los auténticos ladrones son los robados. Otros animales no humanos no tienen moral porque su sociedades son más sencillas, aunque sí pueden tener política, como los chimpancés.
No obstante, en varios de sus libros el gran neurocientífico Antonio Damasio señala un corportamiento moral de grupo en las bacterias, ¡en las bacterias! por lo que podría tener sus cimientos evolutivos en un tiempo hace más de tres mil millones de años, cuando nos separamos de ellas al hacernos eucariotas. Su formulación muy bella se basa en una idea de homeostasis ampliada. Coincide con el gran Spinoza en su idea de conatus, que es el impulso o empeño de cada cosa por perseverar en su ser, la fuerza activa de afirmación de la propia existencia, es decir de ser y continuar siendo, y ser más y mejor si es posible, naturalmente según sus criterios locales. Consecuentemente, llamamos bueno a lo que nos ayuda en ese empeño, que naturalmente entra en colisión con los empeños de otros seres en lo mismo.
Parece que todo este mundo moral en su versión desarrollada humana ocurre porque el invento de la agricultura nos ha llevado a vivir en grupos más grandes de lo que sería natural, para lo que no estamos preparados. Nada de lo que parece esencial en la idea de humano moderno existía hace unos pocos miles de años. Ni la escritura, ni la economía, ni ricos ni pobres, ni organización social, ni pueblos, ni ciudades, ni estados, ni jefaturas, ni policías, ni ejércitos, ni moral. La moral es lo que se inventó para mantener unido tales grupos grandes, premiando a los que colaboran, persiguiendo a los que se quieren escaquear o ir por libre o aprovecharse de los demás, y ya de paso a los que disienten, a los que realmente no son de los nuestros, a los otros. Alguien decía que cuando no tienes rostro, como ocurre en un grupo donde no todos se conocen personalmente, tienes que tener nombre, reputación, prestigio.
En este contexto la cooperación, la comunidad, la reciprocidad interesada, resulta que una definición conveniente de quienes somos nosotros y quienes los otros, interesada, provisional y mudable. Ejemplos todos los días a todas horas, entres nosotros y entre los otros.
Todo eso ha ocurrido en un tiempo que es ridículo en comparación con la escala temporal de los procesos que nos han hecho lo que somos como especie, del orden de cientos de miles de años, o de un par de millones de años si hablamos del género homo. Literalmente no estamos preparados para el mundo en que vivimos, ¿qué podría salir mal? Pues muchas cosas.
Un par de detalles que son relevantes. La moral invoca como sus pilares y justificaciones últimas entidades tan ficticias como arbitrarias, desde dioses hasta el bien común, la humanidad, la justicia, la igualdad, la patria, la solidaridad, la razón, y muchos otros valores tan elevados como apropiadamente definidos al gusto de quien los aplica a los demás, eso sí siempre con vocación universal, nada menos. El segundo es que la moral va más allá de la ley, porque así la puede aplicar cada uno según su gusto, sin atenerse a tecnicismos o respeto a los demás tan incómodos y laboriosos, tan inconvenientes cuando se trata de lo que se trata. Señalar con el dedo es entonces gloriosamente libre. Decía alguien que el mejor amigo de los humanos no es el perro, sino el chivo expiatorio. Hay una terrible pulsión en los humanos por juzgar, condenar y castigar. Observe y obsérvese.
Decía otro alguien que la moral es lo que permite dormir tranquilo tras hacer daño a otros. Naturalmente entonces no se le llama daño, sino justicia. Me suele estremecer cuando alguien dice que duerme bien porque tiene la conciencia tranquila, algo muy habitual. Me parece muy mal presagio. Las certidumbres me asustan mucho. Mis días están llenos de momentos en que pienso que he dañado sin querer a alguien, o queriendo sin saber que lo quería. Noches de arrepentimientos por ser tan inconveniente para los demás. Acepto que mis insomnios y desvelos me sitúen en la categoría de las malas personas. Admiro a los buenos por ser tan buenos y dormir así tan bien. No obstante tengo con ello la ventaja inopinada de sacar más tiempo para leer sobre el bien y el mal.
Estremecen los noticieros cuando dan cuenta de un crimen calificándolo de ajuste de cuentas, que es como decir que se explica como una forma de una justicia lógica y propia del ámbito criminal. O cuando nos tenemos que sorprender de que alguien mate a otro alguien sin mediar palabra. Nos incomoda el asesinato que no se vista de palabras y razones, al que no le podamos poner una etiqueta, como ajuste de cuentas por ejemplo, o hacer justicia. Para los que matan sin razones tenemos reservada la psicopatía, etiqueta que no es necesaria para los que matan por alguna razón.
No hay mejor ejemplo del desvarío en el mundo mental humano que el cartesiano “pienso luego existo”. Como si para existir y saber que se existe fuera necesario pensar, como si la existencia y lo que es no fuera anterior a todo eso, como si el ser necesitara de un ego supuestamente responsable de acciones de las que realmente no es autor sino consecuencia. El mundo es pura materia, luz, bosque y carne. Es experiencial, no racional. Lo que sabemos es falso, la verdad es lo que somos, lo que no cabe en las palabras.
¿Se puede vivir sin juzgar?¿Sin poner etiquetas, sin calificar? No lo sé, quizás no, pero se puede vivir sabiendo que ese juego existe, sabiendo como funciona, y eso le quita mucho poder. No tenemos poder sobre nuestros pensamientos, pero a cambio ellos no tienen poder sobre nosotros.



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