Ser y no ser


Es horrible cuánto me cuesta ser. No ser el ser esencial, que para eso no hay nada que hacer, al contrario se es más cuánto menos se hace, sino ser lo que tenga que ser ante los demás, ante el mundo. Despertarse ya es un sufrir ver como se van encendiendo en mi mente las lucecitas de los sistemas de control que gobiernan todo lo que no soy.  O mejor dicho, porque ya sé que no soy nada de eso, me duele tener que serlo. 

Duele lo inevitable de ser un personaje, aunque no juegue a ser ningún personaje. Me duele hablar, me duele lo que digo nada más decirlo, lo que hago nada más hacerlo, y no deja de doler hasta que lo olvido si lo olvido. Pienso y calculo todo lo que hago, parece que para lamentarlo luego con más razón. Me duelen las telarañas de opiniones, juicios, sentencias en las que hay que enredarse, duelen la razón y la lógica, me duele aparecer siendo persona. Me duele no tener espacio para ser sin máscaras. Incluso se me hace ajena la especie que me cataloga y señala, se me hacen raros los brazos, la abertura de la boca que te recibe llena de huesos duros por dientes, la nariz tan saliente y con aberturas, las orejas a los lados, las cejas, los ojos tan indiscretos tan inquisitivos, todo se me hace extraño, imposible, inaudito, incómodo, tan agresivo tener forma.

Y más me duele por los demás que por mí. Son los demás los que me sufren, los que agradecerían que fuera otro. Porque yo me siento liberado cuando me doy cuenta de que soy una persona fallida, que ocupa un espacio que no debería ocupar, y que realmente no quiero ocupar. Como dice muy bien un post vecino, hay un abismo entre ser pensar que uno es idiota y darse cuenta de que uno piensa que uno es idiota. Y aún siendo idiota, de lo que no reniego, en algún sitio tenemos que estar. No todos los que no quieren vivir quieren morir. 

Hoy quizás más que nunca me quiero distanciar de ese horrible ser en el mundo. 

Sé que se puede ser siempre el ser simple que soy en soledad y silencio, en el bosque, navegando sin propósito en un océano de luz. Sé que es cuestión de no identificarse con ese yo ilusorio e inevitable que se mueve por el mundo, admitir que tiene que existir, pero saber que no me aporta nada, que sus asuntos no son lo míos, que todo sufrimiento viene de su obstinada misión en prevalecer, prosperar, tener éxito por todas las razones que lo crearon, en una misión tan inevitable como inútil. Tan falta de propósito cuánto se cree llena de propósito, tan fatuos y arrogantes los propósitos. Tan mecánica cuánto se cree libre y agente de su destino. 





Comentarios

Entradas populares