Erata chi kung



Erata es una montaña del Pirineo, que veo desde mi terraza, que quizás derive su nombre de su forma abierta, despejada y llena de pastos. La subida es muy placentera. Recuerda la palabra errata que es el magnífico título de las memorias del grandísimo George Steiner.

En la subida de hoy me he encontrado con un buen momento místico, que quiero reflejar antes de que se me olvide. En la bajada he tenido un súbito recuerdo de movimientos de chi kung [*] con la sensación de que estaban allí, los practicara o no, en ese momento formaban parte de mi relación con la realidad. Como si el poco tiempo que llevo practicándolo, o mejor dicho, perpetrándolo, me hubiera hecho efecto de repente y se me hubiera subido a la cabeza. Ha venido sin tener que hacer ningún movimiento, sin separar nubes, ni empujar la montaña, ni separar cielo y tierra, ni sostener el cielo, ni dibujar arcoíris, ni subir agua al cielo, ni siquiera abrazar árboles. 

 Ya todo el descenso ha sido fuera del tiempo, no había ego, ni personalidad, era uno con el camino, el bosque, las piedras. Era que el mí mismo, esa pura presenciación que no desea, ni teme, ni se ve afectada por nada, conquistaba toda la consciencia, nada de mí me importaba, nada de mi biografía me interesaba, no tenía ningún interés en el futuro. Vamos, que yo me importaba un comino, y eso era la gloria pura. El valor de mi vida, si aceptamos la barbaridad de que las vidas tengan un valor u otro [**], sé que no llega a las del montón más bajo, tengo asumido ser una pena de persona. Pero es que nada de eso importa frente a la avalancha de la gloria del ser, del sólo ser consciente del ser. Un puro estado keledén, por hacer gracia con ese fármaco imaginario. Pero no era keledén, era chi kung.

Siendo científico aficionado mis compañeros en la práctica de estas técnicas, incluido el yoga o el taichí, suelen ser suspicaces respecto a lo que opine de estás técnicas. Dejando de lado que no me conocen lo suficiente para saber que no tengo opiniones, era con todo una sospecha injustificada porque ahí estaba yo pudiendo no estar. Practico can gran devoción casi todos los días, bien sea en grupo, o solo en casa. 

No creo en la objetividad de la supuesta fuerza o energía vital, ni del prana, ni de muchos de los aspectos culturales asociados a estas prácticas. Creo en la práctica pero no en la teoría. Supongo que tiene beneficios para la salud, no lo sé, pero tampoco las practico por los supuestos beneficios. Lo siento, soy así de raro. Me gusta practicarlas, me siento bien, me parece poético, hermoso, no necesito más. Hay muchas formas de estar en el mundo y esta me gusta. 

Si bien el chi no sea objetivo, creo que tiene un buen sentido subjetivo, o inter-subjetivo. Y esto no es muy dramático, no es ningún desdoro, porque en primera instancia todo es subjetivo, toda experiencia ocurre en nuestra consciencia, en la cada uno. Lo que llamamos objetivo sólo es por acuerdo entre las suficientes subjetividades. De acuerdo que hay acuerdos muy claros, pero no es todo tan sencillo, no hay acuerdo en todo, ¿es la función de onda ontológica o epistémica? y siempre puede saltar la sorpresa, la misma teoría cuántica nos dice que nada tiene propiedades físicas predeterminadas antes del acto de observarlas. La física cuántica no admite lo que se suele entender por realidad objetiva. Y es ciencia pura y dura.

Un ejemplo mucho más claro: no hay nada objetivo en los colores, son pura qualiacualidades subjetivas y conscientes de nuestras experiencias sensoriales. Son el Y se puede hacer ciencia con el color, vaya que si se puede hacer. 

Si entendemos que parte de la sabiduría del mejor vivir sea llevarse lo mejor posible con uno mismo y con el entorno, y si la idea de chi correctamente entendida y ejecutada consigue eso ¿qué más queremos?

[*]  Técnica oriental de ejercicios para la regulación de la fuerza o energía vital llamada chi.

[**] Ya puestos sufro mucho con el culto que se suele hacer a figuras históricas, muchas de las cuales se caracterizan por haber producido horrores sin cuento y cuenta y montañas de muertos. Por ejemplo, Julio César o Napoleón. Seguro que todo lo que hicieron les reportó enormes satisfacciones en su intento de moldear el mundo a su gusto. Pero ¿qué queda de todo aquello? Es un contrafactual puro, no hay nada que decir, sólo que no creo que sin ellos el mundo hoy fuera peor, ni siquiera muy distinto, del mismo modo que no me podrán demostrar que tengamos nada de valor gracias a ellos. Me imagino que la historia como el agua siempre encuentra su camino, sobre todo desde mi fe determinista. Ni siquiera puedo decir que sin ellos la montaña de muertos fuera menor. Pueden ser ejemplos de lo contraproducente que pueden ser los esfuerzos por cambiar la realidad, fuera de aquellos que sean inevitables. Me quedo con Camus: nunca se cambia de vida y en cualquier caso todas valen lo mismo





Comentarios

Entradas populares